La Casa de los Azulejos o el Palacio de los Condes del Valle de Orizaba, como también se le conoce, es un palacio ubicado en el centro histórico de la Ciudad de México, más precisamente entre las actuales calles de Peatonal de Madero y la Calle Cinco de Mayo. El inmueble fue construido durante la época colonial, y se le conoce comúnmente por este nombre (más que por el título nobiliario de quienes le habitaron) debido a su cubierta de azulejos de talavera poblana que recubren la fachada exterior del edificio y hacen de ésta obra una de las más bellas joyas de la arquitectura civil del barroco novohispano. En el siglo XVI se conocía con el nombre del Palacio Azul. Durante el periodo virreinal fue la residencia principal de los Condes del Valle de Orizaba, y uno de sus descendientes ordenó revistirle todo su exterior de azulejos en el siglo XVIII, con los trabajos en cantera de los balcones y molduras, que es como llegó el edificio a nuestros días.1 2 Fue habitado por los descendientes de la familia condal hasta recién consumada la Independencia de México (comienzos del siglo XIX), cuando la propiedad fue adquirida por varios personajes destacados del país, hasta cambiarle su uso residencial, que es cuando el inmueble llegó a convertirse en la sede del conocido Jockey Club de México (1881), y posteriormente y por un breve periodo en la Casa del Obrero Mundial. También fue residencia de los Yturbe Idaroff. 3 Desde principios del siglo XX es la casa matriz de una conocida cadena de cafés, restaurantes y tiendas departamentales en México: Los almacenes (Sanborns).4 El edificio constituye uno de los principales símbolos de la ciudad, y así mismo es, uno de los principales puntos turísticos y de referencia de sus habitantes.
Don Luis era hijo del Primer Conde del Valle de Orizaba, Don Rodrigo de Vivero y Aberrucia, personaje destacado en el virreinato por su talento e instrucción, llegando a ocupar cargos importantes en el gobierno de la Nueva España, entre los que destaca el de Gobernador de la Nueva Vizcaya y el de Gobernador y Capitán General de las Islas Filipinas. Don Rodrigo hereda una de sus propiedades que se encontraba anexa a la casa a su hijo (que era la casa Norte), por lo que Don Luis fue el primero de la familia en habitar las casas, las cuales ordenó unir.y mandó a reparar, aunque no le dio el aspecto que actualmente posee el inmueble.
El aspecto actual del palacio no se le debe a Don Luis, se le debe entonces uno de sus descendientes, Doña Graciana Suárez de Peredo, quien para ese tiempo ya ostentaba el título de la Quinta Condesa del Valle de Orizaba, ella vivió en la ciudad de Puebla desde su casamiento hasta la muerte de su esposo, en el año de 1708, que es cuando en ese año toma la decisión de regresar a la capital del Virreinato de la Nueva España y decide hacer uso del inmueble. Entonces, para el año de 1737, viendo la Condesa el estado de deterioro que tenía el palacio y otras propiedades que poseía en la ciudad, se ve en la necesidad de solicitar la reparación de todas éstas, especialmente en la que fija su residencia frente a la entonces Calle de Plateros, y para la cual desea embellecer no solo con el trabajo de la cantería, sino que ordena al arquitecto que la fachada del edificio sea totalmente recubierta con azulejos poblanos, cuya tarea fue encomendada al maestro Diego Durán Berruecos. Éste no solamente lleva a cabo la labor solicitada, sino que realiza también los trabajos realizados en cantera labrada de los arcos, columnas, rodapiés y cornisas de puertas y ventanas, así como de las balaustradas, resaltando aún más la belleza de los azulejos en el edificio.
Consumada la Independencia de México, para el 27 de septiembre del año de 1821, en que se realiza la entrada triunfal a la Ciudad de México en la todavía llamada Calle de San Francisco por parte del Ejército Trigarante al mando de Agustín de Iturbide, es levantado un arco del triunfo engalanado con flores, guirnaldas y alegorías pintadas en los soportes de dicho arco que representaban al nuevo gobierno, cuya hechura y detalles fueron elaborados por artesanos de la ciudad. En ese momento se le hizo la entrega de las llaves doradas de la ciudad a Agustín de Iturbide por parte del Ayuntamiento. Tal memorable suceso fue plasmado en la acuarela titulada como la Entrada del ejército Trigarante a México, de autor anónimo. A la derecha de la obra, aparece la Casa de los Azulejos, cuyos balcones lucen engañados por terciopelos de color carmesí.
Poco tiempo después, con la abdicación de Iturbide, los títulos Condales así como demás títulos nobiliarios que fueron otorgados por el Rey de España fueron suprimidos, por lo cual los escudos nobiliarios de las fachadas fueron borrados de los palacios y las casonas señoriales de México, y en el caso de la Casa de los Azulejos no fue la excepción.
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