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Volcán de Fuego

Volcán de Fuego

2 de febrero de 2017 wDestinos México

El volcán de Fuego es un estratovolcán situado entre los departamentos de Sacatepéquez, Escuintla y Chimaltenango, al centro-sur de Guatemala. El volcán de Fuego es uno de los más impresionantes de Centroamérica. Sus erupciones son violentas, y probablemente es el volcán más activo desde la Conquista, a tal extremo que se afirma que el conquistador Pedro de Alvarado pudo verlo en erupción en el año de 1524, según el mismo lo reportó en epístolas. Su nombre indígena es "Chi'gag", que se traduciría del idioma cakchiquel al español como "donde está el fuego". El Volcán de Fuego tiene una altura de 3763 msnm. Prácticamente se encuentra descubierto de vegetación más arriba de los 1300 metros, donde básicamente sólo puede encontrarse lava. El volcán de Fuego tiene la forma de un cono que se alarga considerablemente hacia el sur, formando el pie de monte hacia la costa sur. Debajo de él se constituye una meseta orográfica de múltiples caractéristicas geológicas. Forma una tríada de colosos con los volcanes de Agua y Acatenango, próximos a su base; de hecho, comparte el mismo bloque volcánico con el volcán Acatenango, y originalmente ambos eran referidos por los colonos españoles como «los volcanes de Fuego». Del volcán nacen varias fuentes hidrícas, que se convierten en ríos descendientes hacia la costa sur, en un área de riqueza mineral, óptima para la agricultura.

 En 1690 el historiador Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán describió así al Volcán de Fuego: «Uno de los dos montes que circundan el valle de panchoy, donde se asentó la segunda ciudad y capital de Guatemala, de la que distaba tres leguas, y al que se dió por los españoles este nombre para distinguirle del Volcán de Agua, o sea el que lanzó la manga torrencial que arruinó la ciudad vieja en 1541. En la cima del Volcán de Fuego, algo menos elevado que el de Agua, se cuaja la nieve, pero en el cráter no truena, como sucede con el de Pacaya, con el que se comunica, como con la Sierra de Sinaloa, distante de aquel setecientas leguas».Los indígenas de Alotenango contaban la leyenda que el volcán conservó el nombre de «Volcán de Fuego» -que había recibido por sus constantes erupciones- porque cuando unos sacerdotes españoles intentaron bautizarlo con el nombre de «Catarina» éste se negó rotundamente a recibir las aguas bautismales, provocando una erupción tan violenta que la cruz con la que pretendían bautizarlo fue arrojada hasta el palacio del obispo en Santiago de los Caballeros de Guatemala. Los sacerdotes tuvieron entonces terror del volcán y nunca intentaron bautizarlo nuevamente.El historiador Domingo Juarros en su obra Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala en 1818 habló de las erupciones que había hecho el Volcán de Fuego durante la colonia española, especificando que las que hizo en 1581, 1586, 1623, 1705, 1710, 1717, 1732 y 1737 causaron daños en los alrededores, mientras que la que hizo a fines del siglo xviii no tuvo consecuencias desastrosas, aunque duró varios días y calentó el agua de una vertiente que baja del volcán Acatenango a tal punto que no se podía cruzar.

En 1881, el escritor Eugenio Dussaussay relató su ascención al Volcán de Fuego, entonces parcialmente inexplorado. Primero, necesitó pedir autorización para subir al volcán al Jefe Político de Sacatepéquez, quien les entregó una carta para el alcalde de Alotenango solicitándole que le prestara a los exploradores los auxilios necesarios para su expedición. Dussaussay y su acompañante, Tadeo Trabanino, tenían la intención de ascender al pico central, que todavía no había sido explorado, pero no encontraron guía y se conformaron con subir al cono activo, que había hecho erupción en 1880.

Su guía, el señor Rudecindo Zul, oriundo de Alotenango, y dos mozos de la localidad encaminaron a Dussaussay y a Trabanino hasta un lugar en la montaña conocido como meseta, ya llegando a los picos de los volcanes, pero de allí no pasaban por el temor que tenían los indígenas de la localidad al volcán; de hecho, sólo Zul se ofreció como guía, mientras que a los otros los obligó el alcalde a ir. Entre las provisiones que llevaban los exploradores había aguardiente para el guía y los mozos -condición única para acompañar la expedición-, instrumentos para ubicarse y armamento para defenderse de los tigres que habitaban el área en ese entonces.

La ascensión desde Alotenango se iniciaba con una marcha de cuatro leguas -aproximadamente dieciséis kilómetros- por una planicie hasta llegar a la primera cuesta, llamada «del Castillo» o «Gajoteachucuyo» y que consistía en las faldas más bajas del volcán.La región presentaba una asombrosa vegetación con robles, encinas con bellotas, aguacates y amates entre otros muchos árboles. Al salir de la cuesta del Castillo, la montaña se hacía mucho más espesa: los árboles eran menos elevados, pero se encontraban en mucho mayor cantidad y como hacía ocho meses que nadie había subido hasta allí, Zul y sus mozos tuvieron que abrir un sendero con machetes.

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