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Y si jugamos y luego aprendemos?

Y si jugamos y luego aprendemos?

3 de octubre de 2017 Cesar Alanis Neuro educación

Nos encontramos ante una creciente ola de información que arrojan las investigaciones acerca de las neurociencias

Nos encontramos ante una creciente ola de información que arrojan las investigaciones acerca de las neurociencias, y como ya bien se sabe, estamos en la década del cerebro. Por otro lado, el uso de juegos de mesa, también es parte de los instrumentos educativos; cada vez hay más docentes que incorporan juegos para contribuir a mejorar la experiencia en el aprendizaje de sus alumnos; asimismo, los términos como gamificación, neuroeducación, y neuroaprendizaje, son ya parte de los centros educativos.

Para entender la gamificación, podemos explicar, de manera muy sencilla, que se trata de dinámicas de juego, para potencializar la motivación de los alumnos. Por su parte, la neuroeducación se basa en las neurociencias, y se enfoca en cómo el cerebro atiende el aprendizaje en el aula.

El Instituto Nacional de Neuroeducación, lleva a cabo diversas investigaciones en el uso de juegos de mesa, como instrumentos educativos, algo directamente relacionado con los conceptos anteriores, vinculado como una forma lúdica de entretenimiento, y mucho más allá de los juegos tradicionales de mesa.

Diferentes escuelas emplean muchas de las herramientas y juegos de mesa con alumnos, siendo parte de modelo formativo que imparte el Instituto Nacional de Neuroeducación.

Los juegos forman parte importante de una cultura, son el campo de experimentación de todo; en ellos, los niños y profesores tienen a prueba todos sus recursos emocionales, de conocimiento, planificación, y atención, en un entorno seguro, sin que nadie esté en riesgo; ganar y perder es parte de la experiencia de la vida, y los juegos, de manera divertida, nos enseñan de ello, tomando en cuenta que no existe discriminación ante un tablero.

Sacar lo mejor en cada juego es una experiencia que le da al alumno un gran aprendizaje de sí mismo, de su contexto, de su entorno, de sus emociones, independientemente del impacto en su vida académica, personal y profesional. Sin duda, en el juego, la interacción es un recurso educativo y tiene que aprovecharse bien, señala César Alanís, Director de Vinculación del Instituto Nacional de Neuroeducación.

Actualmente, en Guadalajara, Tlaxcala, y la Ciudad de México, se están formando futuros neuroeducadores, como plan piloto, un proyecto de especialidad en gamificación, que imparte el Instituto Nacional de Neuroeducación, desarrollando una serie de juegos y dinámicas para potencializar la motivación de los alumnos, y estos a su vez, capacitarán a maestros para aprovechar el potencial del juego de mesa en clase.

Hemos visitado escuelas, por parte del Instituto Nacional de Neuroeducación, para hacer demostraciones de las dinámicas y juegos para potencializar el aprendizaje, y la respuesta ha sido muy satisfactoria entre maestros y directivos. La gamificación y las herramientas de neuropedagogía ayudan de manera importante al docente que quiere innovar a la hora de enseñar.

Las escuelas que así lo requieran, pueden visitar nuestro portal web, y escribirnos para solicitar una demostración, tanto para padres de familia, como para alumnos y docentes. A través de las dinámicas y juegos, les mostramos cómo pueden aprovechar este recurso en clase y también en casa. La gamificación es sinónimo de neuroaprendizaje, ambos convergen en la nueva manera de enseñar y de aprender. El juego y la dinámica son una manera de evocar la curiosidad, uno de los ingredientes importantes para el aprendizaje.

Los juegos, como herramienta de neuroaprendizaje, permiten a los niños mejorar sus habilidades de atención, focalización y memoria. Sabemos muy bien que no podemos separar los procesos cognitivos de los emocionales y sociales; cuando un niño tiene problemas con alguna materia y no encuentra el apoyo suficiente, se crea una emoción negativa, frustración, enojo –como somos resultado de nuestra última experiencia, y nuestra memoria nos lo recuerda, este niño tendrá una sensación de fracaso ante eventos posteriores; ¿vale la pena esta experiencia para el niño? Claro que no–. A través de la gamificación y herramientas neuropedagógicas, el niño tendrá recursos por medio del juego, para solucionar dichas situaciones, y al final de la etapa escolar, tendrá herramientas complementarias que le ayuden a su formación académica; sin duda, la curiosidad, emoción, reto y aprendizaje, son parte de la nueva manera de enseñar y de aprender.

Desde las investigaciones en neurociencias, se sabe que los juegos generan muchas sustancias químicas en el cerebro, como por ejemplo, la dopamina, que fija los aprendizajes para el cerebro cuando siente emoción, placer y disfrute; es un estado de recompensa, y esto lo sabe un neuroeducador.

“En el salón de clases, el neuroeducador puede dar respuesta a los alumnos con necesidades educativas, con problemas emocionales, y sobre todo, con muy pocas habilidades sociales, y al utilizar la gamificación y herramientas neuropedagógicas, hemos tenido un enorme éxito”, comenta César Alanís.

La primera etapa consiste en formar neuroeducadores, especialistas en gamificación; posteriormente, esta primera generación visitará escuelas públicas y privadas, desarrollando diferentes actividades, dando a conocer esta extraordinaria herramienta, para que los docentes lo apliquen en niños con características y necesidades diferentes, ayudándolos a que mejoren en una o varias materias.


Una experiencia inigualable; ¿y si jugamos y luego aprendemos?


El aprendizaje se logra, según investigaciones científicas, cuando la atención plena y el estado emocional están regulados por una interesante curiosidad que el niño asume en clase. Preparar a los niños para el aprendizaje no es cosa fácil; sin embargo, desde el aporte de la neuroeducación ya sabemos cómo hacerlo; un juego de mesa o una herramienta neurpedagógica, es una vinculación al aprendizaje.

Los juegos de mesa y la gamificación se encuentran en un momento muy importante, o los consolidamos, o de plano los desechamos. Ya no se trata de los clásicos juegos de mesa, donde tirabas y solo avanzabas, y ahí paraba la cosa; ahora se involucran con procesos neurocognitivos y de aprendizaje, se fomenta el uso del pensamiento complejo, el uso del lenguaje, el análisis, la autorreflexión; cada juego se adapta a las necesidades de cada clase o de cada niño, transformando el aula en un juego, donde el objetivo sea una experiencia con consciencia y el resultado sea el aprendizaje. “La gamificación consiste en transformar tu forma de dar clase en un juego”, advierte César Alanís.

Los niños de las nuevas generaciones son los que se denomina como “nativos digitales”. Las cosas físicas y vivenciales que se dan en clase, les llama la atención. Lamentablemente, los humanos somos la única especie en el mundo que de adultos dejamos de jugar, cuando el juego es vinculación con uno mismo, con el entorno y con el mundo.


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