Este Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, genera conciencia sobre la importancia práctica y humana de cuidar a los colaboradores.
Previo a 2020, las industrias y negocios consideraban prioritaria la salud y seguridad en el trabajo, aquellas que, debido a su rubro, así lo requerían – cascos, lentes, guantes, etcétera – y el no utilizarlas significaban un alto riesgo e incluso sanciones administrativas y/o legales.
A partir del 2020, esta protección – notoria físicamente – es, o debe ser, obligatoria en cualquier centro de trabajo: el cubrebocas, un artículo que se ha vuelto parte de la indumentaria laboral de todas las personas sin importar jerarquía, industria o código estético de vestimenta.
Existe un fuerte contraste previo y posterior al 2020. La pandemia por COVID-19, como se ha dicho tantas veces, pero no por ello es menos cierto, tomó al mundo por sorpresa, obligándonos a cambiar nuestros hábitos de forma inmediata, algo que resultó complicado pues nuestras necesidades básicas no lo hicieron y bajo este escenario las herramientas de prevención fueron – y son – el mejor aliado, frente a una realidad que no podía detenerse, ni física ni laboralmente.
En este escenario, el cuidado del colaborador es vital, justamente porque no todos los trabajos presentaban un riesgo tan evidente. Hoy, más que nunca, el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo es una conmemoración que adquiere especial importancia para personas y corporaciones, no se trata de una cuestión meramente práctica, los niveles de productividad y rentabilidad son superiores cuando, combinados con otros factores, los empleados están sanos y se sienten seguros; por ello, el 28 de abril nos recuerda que estamos hablando de humanidad, los trabajadores tienen derecho a saberse y sentirse protegidos en su trabajo, lo que se traducirá en una mayor calidad de vida y, por ende, en un mejor mañana individual y colectivo.