El regalo que no te atreves a soltar
“Puedes soltar su regalo y quedarte con lo que aprendiste.”
Está en tu repisa, en el cajón o en tu cama: el peluche, la pulsera, el libro con su dedicatoria. Lo ves todos los días y cada vez se te aprieta el pecho, pero no te animas a guardarlo.
No es tonto que te cueste. Ese regalo fue la prueba de que alguien pensó en ti, y soltarlo se siente como aceptar que ese cariño ya no está.
Pero el objeto no es la relación. Lo que viviste, lo que sentiste y lo que aprendiste de ti no se van en una caja; eso se queda contigo aunque el regalo ya no esté a la vista.
No tienes que tirarlo hoy ni hacer una ceremonia. Basta con moverlo de lugar: una caja, el fondo del clóset, la casa de alguien de confianza. Que deje de ser lo primero que ves al despertar.
Un día vas a abrir esa caja y lo vas a mirar sin que duela. Ese día vas a saber que el regalo más grande fue volver a ti.