Su contacto sigue con corazón
“Cambiarle el nombre no borra lo vivido. Te devuelve a ti.”
Abres tus contactos para buscar a otra persona y ahí está: su apodo, el corazoncito, la foto que tú le pusiste. Pasaron semanas y todavía no te animas a cambiarlo, como si tocar ese nombre fuera aceptar que ya no es lo que era.
No es una tontería. Ese nombre lo escribiste en un día feliz, cuando todo parecía seguro. Por eso duele verlo, y por eso también duele la idea de quitarlo: se siente como traicionar lo que sentiste.
Pero cambiarlo no borra nada de lo que viviste. Lo bonito pasó y nadie te lo quita. Lo que sí cambia es que dejas de encontrarte una herida cada vez que buscas otro número.
No tienes que borrarlo hoy ni bloquear a nadie. Solo deja el nombre real, sin apodo, sin corazón, sin foto. Es un gesto pequeño, casi invisible, pero le dice a tu cabeza algo que tu corazón todavía está aprendiendo.
Y un día vas a pasar por ese contacto sin detenerte. No porque no te haya importado, sino porque por fin te importas más tú.