Todavía duermes en tu orilla
“La cama es tuya entera. Tu vida también.”
Ya se fue, pero tú sigues durmiendo en tu orilla, como si en cualquier momento fuera a volver a ocupar la otra. A veces estiras la mano en la madrugada y solo encuentras la sábana fría.
No es que estés loca o loco, ni que seas débil. Durante mucho tiempo tu cuerpo aprendió a hacerle espacio a alguien, y el cuerpo tarda más que la cabeza en entender que ese espacio ya no se guarda para nadie.
Esa almohada que no tocas no es solo una almohada: es la costumbre de esperar. Y está bien que duela, porque quisiste de verdad.
Esta noche haz algo pequeño: duerme en medio. Acomoda las almohadas a tu gusto, cambia las sábanas, estírate completa o completo. No es olvidar a esa persona, es volver a ocupar tu propia vida.
La cama no se quedó vacía. Se quedó esperando a que te des cuenta de que es toda tuya.