Todavía escuchas sus audios
“Su voz quedó guardada. La tuya también merece escucharse.”
Es de noche, te pones los audífonos y buscas en el chat ese audio de cuarenta segundos. El de «ya llegué, bonito día». Le das play aunque ya te lo sabes de memoria, solo para oír cómo decía tu nombre.
Y cada vez que termina, el silencio pesa más que antes. Lo vuelves a poner, adelantas a la parte donde se ríe, y te prometes que esta es la última vez.
No estás loco ni loca por hacerlo. Esa voz fue tu casa durante mucho tiempo, y es normal que el corazón la busque cuando todo lo demás se siente frío. No extrañas el audio: extrañas sentir que alguien te hablaba solo a ti.
Pero cada vez que lo reproduces, le das a tu herida una razón para no cerrar. No tienes que borrarlos hoy; basta con guardarlos lejos, en una carpeta que no abras cada noche.
Esta noche prueba algo distinto: grábate tú. Di cómo te sientes, lo que te dolió, lo que quieres para ti. Algún día vas a escuchar ese audio y vas a reconocer la voz de alguien que sí se quedó contigo.