Cuando ves parejas de la mano
“Su felicidad no te quita nada. La tuya también viene.”
Ibas caminando con tus audífonos, sin pensar en nada, y de pronto pasó una pareja tomada de la mano. Se reían de algo que solo ellos entendían. Y sin darte cuenta, se te apretó el pecho.
Te acordaste de cómo se sentía su mano, de ese paso que ya caminaban al mismo ritmo, de la costumbre de no soltarse ni para cruzar la calle. De repente todo el mundo parece ir de dos en dos, menos tú.
Lo que sientes no es envidia ni amargura: es nostalgia. No les deseas nada malo; solo te recuerdan algo que tuviste y que todavía estás aprendiendo a soltar. Es normal que duela, y no te hace mala persona.
Esa pareja no está ocupando tu lugar. La felicidad de otros no se le resta a la tuya; no es una fila donde alguien se te adelantó. Tu historia sigue escribiéndose, solo que ahora va a otro ritmo.
La próxima vez que veas dos manos entrelazadas, respira y mete las tuyas en los bolsillos, como quien guarda algo valioso. Hoy te tienes a ti para caminar. Y lo que viene, cuando llegue, te va a encontrar con más fuerza.