Landing Inmobiliaria Publica tus propiedades — desde $390 al mes Ver más
Todos los artículos
5 de noviembre de 2026 IVAN

Lisa Su: la joven que descubrió que la ingeniería consistía en hacer que las cosas funcionaran

Antes de convertirse en una de las figuras más reconocidas de la industria mundial de semiconductores, Lisa Su fue una adolescente criada en Queens que llegó al MIT convencida de que era buena para las matemáticas y descubrió rápidamente que estaba rodeada por estudiantes extraordinariamente capaces. Aquella experiencia no redujo su ambición; la obligó a trabajar más y, sobre todo, a descubrir la satisfacción de construir cosas reales. Su historia formativa recuerda que encontrarnos rodeados de personas mejores que nosotros puede ser una de las experiencias más incómodas y fértiles de una carrera.

Lisa Su nació en Taiwán y llegó siendo muy pequeña a Estados Unidos, donde creció en Queens, Nueva York. Su familia poseía una fuerte inclinación hacia los números y el trabajo: Forbes ha señalado que su padre tenía formación matemática y su madre trabajó como contadora antes de desarrollar actividades empresariales. Su estudió en la Bronx High School of Science y posteriormente ingresó al MIT con apenas diecisiete años.

En un discurso pronunciado ante los graduados del MIT en 2026, Su recordó con humor que llegó a la universidad bastante segura de su capacidad matemática y tardó muy poco en descubrir que estaba rodeada de personas extraordinariamente buenas. Los primeros cursos resultaron considerablemente más difíciles de lo que esperaba y tuvo que acostumbrarse a resolver problemas junto con compañeros igualmente exigidos. Ese tipo de experiencia puede ser profundamente formativa porque obliga a decidir qué hacer cuando aquello que antes nos distinguía deja de ser suficiente.

Después de más de cuatro décadas dirigiendo empresas, considero que aprender a convivir con personas mejores que nosotros es una de las capacidades más importantes de cualquier líder. Algunas personas buscan ambientes donde puedan seguir siendo claramente las más competentes porque eso protege su seguridad personal. El problema es que una empresa solamente puede crecer hasta el límite que impone esa necesidad.

El empresario verdaderamente ambicioso necesita contratar especialistas que sepan más que él y sentirse cómodo haciendo preguntas. Esto no disminuye su liderazgo; lo multiplica. Un director que necesita demostrar permanentemente que conoce todas las respuestas termina rodeándose de personas cuidadosas, no necesariamente de las mejores.

En el MIT, una de las experiencias que Lisa Su ha señalado como decisivas fue su participación temprana en el programa de investigación para estudiantes conocido como UROP. Trabajó en el laboratorio del profesor Hank Smith fabricando componentes relacionados con litografía de rayos X y describió aquella experiencia como el momento en que comenzó a sentirse realmente ingeniera: podía trabajar sobre algo concreto, enfrentarse a problemas físicos y comprobar que finalmente aquello funcionaba.

Me parece especialmente significativa esa transición entre saber y hacer. Podemos estudiar una disciplina durante años y continuar sin comprender completamente qué significa ejercerla hasta que aparece un problema real. La realidad introduce restricciones que los ejercicios académicos no siempre pueden reproducir: materiales que fallan, tiempos limitados, equipos imperfectos y resultados que no corresponden exactamente con aquello que imaginamos.

En construcción industrial conocemos perfectamente esa diferencia. Un proyecto puede estar extraordinariamente bien concebido y descubrir durante la ejecución una condición que obliga a pensar nuevamente. Por eso valoro tanto a quienes poseen formación técnica y al mismo tiempo respeto por la experiencia de campo. La verdadera competencia aparece cuando ambas dimensiones dialogan.

Su también realizó prácticas profesionales durante su etapa universitaria, incluyendo trabajo en Analog Devices, experiencia que reforzó su interés por semiconductores. Lo importante para nuestra reflexión no es seguir toda su trayectoria posterior, sino observar cómo su vocación se fue definiendo mediante exposición directa. No necesitó decidir desde niña exactamente qué especialidad tendría durante el resto de su vida; la encontró al hacer.

Esto ofrece una enseñanza valiosa para los hijos dentro de empresas familiares. Algunas veces les pedimos decidir demasiado temprano cuál será su papel futuro. Quizá resulte más inteligente proporcionarles experiencias reales en áreas distintas y observar dónde aparece curiosidad auténtica y capacidad.

Una persona puede pensar que le interesan las finanzas hasta que trabaja cerca de una operación y descubre una vocación técnica; otra puede creer que desea construcción y encontrar posteriormente mayor afinidad con relaciones comerciales. La exposición produce información que ninguna conversación vocacional puede sustituir por completo.

También encuentro valiosa la forma en que Su recuerda la dificultad. No presenta los cursos exigentes como evidencia de que estaba en el lugar equivocado, sino como parte de un proceso que amplió aquello que creía posible hacer. Existe una enseñanza importante allí sobre la diferencia entre dificultad e incompatibilidad.

Vivimos en una época donde queremos optimizar prácticamente toda experiencia y podemos interpretar rápidamente la frustración como señal de que algo no nos corresponde. Sin embargo, aprender algo verdaderamente complejo suele producir periodos de incomodidad. La pregunta importante es si existe suficiente interés para continuar trabajando a pesar de ella.

Esto también sucede en el desarrollo ejecutivo. Un joven que recibe por primera vez responsabilidad sobre personas puede cometer errores y sentirse inseguro. Si retiramos la responsabilidad inmediatamente, nunca sabremos si podía desarrollarla. Necesitamos acompañar, evaluar y permitir suficiente tiempo para que la capacidad aparezca.

Naturalmente, existen límites. No todas las personas pueden ni desean desempeñar cualquier función. Una buena organización distingue entre aquello que necesita práctica y aquello que revela una falta genuina de afinidad.

Lisa Su ha construido su imagen pública alrededor de una formación profundamente técnica, pero la enseñanza de sus primeros años puede aplicarse mucho más allá de la ingeniería. Encontrar un problema difícil, trabajar rodeado de personas exigentes y experimentar la satisfacción de convertir conocimiento en resultado son experiencias formativas en prácticamente cualquier profesión.

Después de más de cuarenta años en los negocios, considero que los jóvenes deberían buscar al menos algunas etapas donde no sean los mejores del lugar. Estar siempre dentro de entornos demasiado cómodos puede proteger la autoestima y limitar el crecimiento. Trabajar cerca de personas sobresalientes obliga a elevar nuestros estándares y muestra posibilidades que quizá nunca habríamos imaginado.

Para una familia empresaria, esto significa no encerrar a la siguiente generación exclusivamente dentro de nuestras compañías. Universidades exigentes, experiencias externas y contacto con organizaciones distintas pueden proporcionar referencias que posteriormente regresen convertidas en capacidad.

El patrimonio no debería funcionar como un refugio que evita cualquier dificultad. Debería proporcionar oportunidades para enfrentar retos más interesantes y desarrollar capacidades con responsabilidad.

La formación de Lisa Su recuerda también que el conocimiento técnico posee un enorme valor en una época donde muchas conversaciones empresariales privilegian exclusivamente estrategia y liderazgo. Las buenas ideas continúan necesitando personas capaces de comprender profundamente cómo funcionan las cosas.

Podemos contratar especialistas, naturalmente, pero quienes toman decisiones importantes se benefician enormemente cuando respetan la complejidad técnica y saben cuándo escuchar a quien realmente domina el asunto.

La enseñanza que encuentro en aquellos años iniciales de Lisa Su no está en intentar formar ingenieros idénticos. Está en crear condiciones donde los jóvenes puedan descubrir qué problema les interesa suficientemente como para dedicar años a comprenderlo, rodearse de personas capaces y aprender a disfrutar la satisfacción que proviene de hacer bien algo difícil.

Más de IVAN