La calle por la que ya no pasas
“Hoy das la vuelta. Pronto esa calle será solo una calle.”
Tomas la ruta larga sin que nadie te lo pida. Cinco cuadras de más, un semáforo extra, todo para no pasar frente a su casa, por la esquina donde te esperaba o por el lugar donde siempre se despedían.
Y aun así, cuando el camino se acerca, el corazón se te adelanta. Miras de reojo, te preguntas si estará ahí, si verá tu coche, si notará que sigues pasando o que ya no pasas.
No es exageración ni debilidad. Esa calle guarda algo que todavía te pesa, y protegerte de ella por un tiempo es una forma de cuidarte. Rodear también es sobrevivir mientras sanas.
Pero no va a ser para siempre. Un día vas a ir distraído, pensando en tus planes, y vas a darte cuenta de que pasaste por ahí sin sentir nada. Esa calle será solo una calle, y el camino, otra vez tuyo.
Mientras llega ese día, date permiso de ir por donde te sientas en paz. Y si un día te animas a pasar, que sea por ti, no para que te vea.