Todavía ves su ubicación compartida
“Deja de seguir su camino. Empieza a trazar el tuyo.”
Son las once de la noche y abres el mapa "solo un momento". Ahí está su puntito, en una calle que no conoces, a una hora en la que antes estaba contigo. Lo miras fijo, como si ese punto pudiera explicarte algo.
Compartir ubicación era una forma de cuidarse: avisar que llegaste bien, saber que venía en camino. Por eso cuesta tanto quitarla. Mientras sigue ahí, parece que todavía hay un hilo que los une.
Pero ese punto no te dice cómo está, ni si piensa en ti, ni por qué se fue. Solo te dice dónde está su cuerpo, y cada vez que lo revisas te quedas un rato más en un lugar del que ya te tocaba salir. No eres raro ni rara por hacerlo: es la costumbre de alguien que quiso de verdad.
Hoy no tienes que hacer un gran drama. Basta con dejar de compartir la tuya, ocultar la suya o borrar ese acceso directo de tu pantalla. Es un toque pequeño que le dice a tu cabeza: ya no vivo pendiente de su ruta.
Y luego abre el mapa para ti. Busca ese café que querías probar, ese parque al que nunca fueron, esa calle que va a ser solo tuya. Tu camino también se está dibujando, aunque todavía no sepas a dónde lleva.