Su foto sigue de fondo
“Cambia tu fondo de pantalla. Que lo primero que veas seas tú.”
Desbloqueas el celular para ver la hora y ahí está su cara. Treinta, cuarenta veces al día. Ya sabes que terminó, pero tu pantalla todavía no se ha enterado.
Has entrado a la configuración más de una vez. Eliges otra imagen, te quedas viendo la suya un rato y cancelas. Cambiarla se siente como aceptar algo que todavía no quieres decir en voz alta.
No es debilidad ni falta de orgullo. Esa foto fue tu lugar seguro durante mucho tiempo, y soltarla duele porque lo que viviste fue real. Nadie te exige hacerlo rápido.
Pero cada vez que la ves, la herida se abre un poquito, sin que tú lo decidas. Tu pantalla es lo primero que miras en la mañana y lo último en la noche: merece guardar algo que te sostenga hoy, no algo que te detenga en lo que ya pasó.
Pon una foto tuya, de un lugar que te gusta, de un cielo que tú tomaste. No es borrar a nadie, es devolverte la vista. Mañana, al desbloquear, lo primero que veas va a ser tu vida.