Su perfume pasó junto a ti
“Ese aroma te detuvo un segundo. Tú decides seguir caminando.”
Ibas por la calle, tranquila, tranquilo, pensando en otra cosa. Alguien pasó a tu lado y ahí estaba: su perfume. Te detuviste en seco y, sin querer, volteaste a buscar una cara que sabías que no iba a estar.
En un segundo regresaron los abrazos, el cuello donde te escondías, la ropa que olía a esa persona después de verla. El olfato no pide permiso: abre la puerta del recuerdo antes de que puedas decidir si quieres entrar.
No es que hayas retrocedido. Es que tu cuerpo todavía guarda la memoria de algo que fue importante, y eso no se borra en unas semanas. Sentir ese golpe en el pecho no te hace débil; te hace humano.
Lo que sí puedes notar es lo que pasó después: respiraste, miraste alrededor y seguiste tu camino. Ese aroma ya no te pertenece ni te define. Fue de otra persona, en otra calle, en otro momento.
La próxima vez que te pase, date ese segundo y luego vuelve a ti. Busca un aroma nuevo que sea solo tuyo, uno que no te recuerde a nadie más que a quien estás empezando a ser.