Su cepillo sigue en tu baño
“Ahora en tu vaso hay un solo cepillo. Y alcanza.”
Cada noche, al lavarte los dientes, lo ves: su cepillo sigue en el vaso, junto al tuyo. Se fue con prisa o se fue con calma, pero ese detalle se quedó, como si fuera a regresar a usarlo mañana.
No lo has tirado. Tirarlo se siente como firmar algo que todavía no quieres aceptar. Y es normal que algo tan chiquito te pese tanto: era la prueba de que alguien dormía en tu casa y empezaba el día contigo.
No extrañas el cepillo. Extrañas la rutina de dos, el espejo compartido, los buenos días con la boca llena de pasta. Eso fue real, y por eso duele verlo ahí cada noche.
Pero ese vaso no está guardando un lugar para nadie. Es tu baño, tu espejo y tu rutina, y tú sigues apareciendo en ella todos los días, aunque te cueste.
Hoy no tienes que resolver toda tu historia. Solo quita ese cepillo y deja el tuyo solo. Mañana, al verte en el espejo, vas a notar que uno también alcanza.